- Dra. Marina Isabel Paunero Quezada
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Psiquitría y Psicoterapia
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Dra. Marina Paunero @dra.marinapaunero
Por fin llegan, marcadas en el calendario con gran motivación: ¡Las vacaciones! Sin embargo, lejos de traer calma, el periodo vacacional se convierte en un detonante de ansiedad, crisis de angustia y desestabilización emocional. ¿Por qué el descanso nos genera, a veces, más estrés?
Vivimos en una sociedad hiperconectada e hiperproductiva, donde el cerebro se acostumbra a niveles crónicamente altos de cortisol (la hormona del estrés) y dopamina (asociada a la recompensa por cumplir objetivos). Cuando intentamos pasar de 100 a 0 km/h en un solo día, el sistema nervioso experimenta algo parecido al “síndrome de abstinencia”.
Nos exigimos visitar 15 monumentos en dos días, tomar la foto perfecta para redes sociales, tener la experiencia más relajante del mundo. Cambiamos el estrés laboral por el estrés del rendimiento recreativo. Si descansar se vuelve una obligación con metas cuantificables, el cerebro no distingue entre responder un correo de la empresa o planificar un itinerario milimétrico: para la amígdala cerebral, todo es una amenaza de fracaso.
Durante el año, la rutina actúa como un mecanismo de defensa. El trabajo, los horarios y las obligaciones nos mantienen ocupados y nos permiten mirar hacia otro lado. Las vacaciones eliminan ese ruido de fondo. Al detenernos, emergen las preguntas incómodas, los duelos no resueltos, las crisis de pareja o la insatisfacción vital.
Para que las vacaciones cumplan su función biológica —que es permitir la neuroplasticidad, regular los niveles de cortisol y permitir que el sistema parasimpático tome el control— es necesario cambiar de enfoque:
No intentes pasar del caos a la meditación en un segundo. Dedica los primeros dos días de vacaciones simplemente a “aterrizar”, sin grandes planes.
Cuando soñamos despiertos o no hacemos nada concreto, es donde nace la creatividad y se procesa el estrés acumulado. Baja el volumen a las redes sociales: la comparación social es el enemigo número uno de la serotonina. Tus vacaciones no necesitan la aprobación de los demás para ser reparadoras.
Normaliza el aburrimiento y la incomodidad: si un día te sientes ansioso o triste, no te castigues pensando “no debería sentirme así en vacaciones”. Acepta la emoción; el cerebro también está limpiando toxinas emocionales.
Las vacaciones no son un lugar físico ni un destino turístico; si no aprendemos a gestionar nuestras expectativas y a tolerar la quietud, viajaremos miles de kilómetros solo para llevar a nuestro peor enemigo —nuestra mente estresada— a pasear a otro escenario.