"Vivir y sentir: El placer no se jubila"
La sexualidad es un aspecto inherente al ser humano, presente a lo largo de todas las etapas de su vida. A medida que avanzamos en edad, la sexualidad se transforma, al igual que lo hace la biología y nuestras necesidades emocionales, gustos y preferencias. A pesar de los estigmas que suelen asociarse con la sexualidad en la tercera edad, es fundamental reconocer que esta puede seguir siendo una fuente significativa de satisfacción, intimidad y conexión en las relaciones interpersonales.
Se estima que la población mundial de 60 años o más casi se duplicará entre 2015 y 2050, pasando del 12% al 22% del total, esto debido al incremento en la esperanza de vida y la disminución en la fecundidad (OMS). Este cambio demográfico representa uno de los retos y oportunidades más significativos de nuestros tiempos. Es un llamado a replantear nuestra visión de la dignidad humana en las etapas avanzadas de la vida.
¿Por qué es fundamental hablar de sexualidad en la vejez?
Es de suma relevancia y contradictoriamente, es uno de los temas más invisibilizados. La sociedad tiende a discriminar por edad, asumiendo que el deseo o la capacidad de conectar íntimamente desaparecen con las canas o la jubilación. Dentro de los mitos en esta etapa, existe el de la “asexualidad”, equiparándole con una especie de ser angelical o infantilizado, carente de pulsiones. La realidad es que el deseo a lo largo de la vida se transforma, pero no necesariamente se extingue, por ello es importante hablar del tema.
Salud integral y bienestar
La OMS define la salud sexual como: “un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, no solo la ausencia de enfermedad. Requiere un enfoque positivo y respetuoso, garantizando experiencias placenteras y seguras, libres de coerción, discriminación y violencia”.
Es vital informar sobre cómo los cambios hormonales (menopausia y andropausia) y las condiciones crónicas afectan la respuesta sexual. La educación en esta etapa permite que las personas busquen soluciones (lubricantes, ajustes de su medicación, nuevas formas de estimulación) en lugar de renunciar a su placer por frustración o vergüenza.
Prevención y Educación
Al creer que los adultos mayores no tienen vida sexual, los sistemas de salud a menudo omiten campañas de prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (ITS). Los datos muestran que las tasas de ITS en personas de más de 60 años han ido en aumento, precisamente por la falta de uso de métodos de barrera y la nula conversación médica al respecto.
Beneficios de una vida sexual activa
•A nivel físico: fortalecimiento del sistema inmunológico y salud cardiovascular. Ayuda a prevenir la atrofia en los tejidos y mantiene la funcionalidad. Facilita un descanso más profundo y reparador. Tiene una relación positiva con la memoria y la atención.
•A nivel emocional: liberación de oxitocina y endorfinas que reducen el estrés y la ansiedad. Refuerza la identidad y la percepción positiva de uno mismo.
•A nivel afectivo: fomenta la comunicación y la complicidad en la pareja.